Fuente: http://adoptaenrusia.iespana.es
Suecia, Noruega y EE. UU. impulsan iniciativas para que los adoptados puedan conocer a su familia biológica
CARINA FARRERAS - 14/02/2007

No todos los adoptados sienten interés en conocer su pasado, les basta con saber de dónde proceden.


Hace veinte años, muchos padres escondían a sus hijos su origen biológico, quizás protegiéndolos de una sociedad que fácilmente estigmatizaba todo lo que permaneciera fuera de lo convencional, o puede que temieran abordar la cuestión dentro de la familia. Ahora ya no existe rechazo social. Al contrario, la adopción está bien vista. Pero ¿qué ocurre dentro de la familia? ¿Cómo viven la cuestión de los orígenes los padres adoptivos? ¿Y los hijos?

En otros países con una larga tradición en la adopción como es el caso de Noruega, Estados Unidos y Suecia, cuentan con servicios para el adoptado donde este tema es tratado en profundidad. En primer lugar, no todos los adoptados sienten interés en conocer su pasado, les basta con saber de dónde proceden y con quién han construido su vida después. Éstos se quejan de cierta presión por parte de personas de su entorno que les preguntan si ya han ido a conocer a sus verdaderos padres.
Sin embargo, la mayoría siente, como mínimo, curiosidad por el lugar de donde procede y por las personas que compartieron su nacimiento o crecimiento; para algunos resulta esencial conocer a sus padres y hermanos. Sólo una minoría termina emprendiendo el viaje. Los jóvenes - deben haber dejado atrás la adolescencia- que desean ahondar en su pasado inician un largo proceso de descubrimiento en el que están acompañados de profesionales. Primero deben saber por qué quieren hacer ese camino, luego investigan más sobre ese pasado y comprenderlo. A veces, muchas, eso ya resulta suficiente pues les proporciona tranquilidad.
Aquellos que desean continuar lo hacen acompañados de la agencia. Puede que sólo deseen conocer el hospital en el que nacieron o el hogar de niños donde vivieron - los que tienen memoria identifican su cama o recuerdan a las personas que los cuidaban-; casi todos preguntan por la suerte de sus pequeños compañeros. Finalmente, un grupo menos numeroso conoce a la familia, con previo consentimiento de ésta. Nada vuelve a ser como antes del viaje. Algunos vuelven más suecos que nunca y no desean pensar más en sus raíces, otros mantienen un vínculo estrictamente económico (suele suceder que la familia les pida dinero), pero otros sienten que por fin pueden construir el relato de su vida, lo que les proporciona una gran serenidad. El hecho de que quede un vínculo posterior o no depende de todos. Las experiencias relatadas por los profesionales invitados al primer Forum Internaciona de Infancia y Familia son bien diversas. pero presentan un denominador común: tras el viaje, se refuerzan los lazos afectivos con la familia adoptiva.
A veces, esperan a que sus padres adoptivos fallezcan para iniciar el viaje de regreso al escenario del inicio de sus vidas. Afortunadamente, cada vez son más los padres que han logrado construir un entramado de complicidades en la relación con sus hijos y no se sienten amenazados por la aparición de la familia biológica, siendo capaces de acompañarlos en este proceso a prudente distancia.
El deseo de saber no aparece sólo en la adolescencia. Los orígenes del niño que viene de otro mundo pesan en la familia desde su misma constitución. Suele suceder que los padres encuentren fácil hablar del país de origen, del primer encuentro que tuvieron con el crío, de las circunstancias que rodearon su adopción mientras la madre biológica flota como un fantasma en el hogar. ¿Qué hacer cuando llegan las preguntas? ¿Responder al mínimo? ¿Contarlo todo? ¿Y si la verdad es tan dura que apenas uno la puede digerir? ¿Y si nos es del todo desconocida?
"Lamentablemente no hay recetas universales", explica Esther Grau, psicóloga clínica y fundadora de la agencia de servicios de adopción CRIA. Cada familia debe ir construyendo su propia manera de relatar su historia. "Pero ante la demanda del pequeño ´¿por qué mi madre me abandonó?´, parece aconsejable responder ´porque ella no podía cuidarte´ y, ciertamente, no podía porque, se trate de la separación que se trate, la madre no podía hacerse cargo del pequeño: por muerte, por enfermedad, por trastorno, por pobreza, por incapacidad psíquica, incluso por leyes injustas… No podía y como no podía lo mejor que hizo fue dejar a su hijo en manos de quien sí podía y, sobre todo, deseaba hacerlo". Frente a la reticencia de hablar del pasado, contrasta la existencia de un grupo de padres que trata de formar familias más abiertas, integrando en su vida a los padres biológicos. Es el caso de Beatriz San Román, autora de La aventura de convertirse en familia,que fue a conocer el primer hogar de su hija pequeña. "Estoy muy agradecida a esa mujer que sin poder hacerse cargo de su hija le buscó el amparo de una familia, hizo lo posible para que su hija viviera en buenas condiciones". Mantiene el contacto y le envía fotos. La madre de Haití está integrada en el hogar, se habla con naturalidad de ella y de los hermanos biológicos de la niña que permanecen en la isla caribeña.
No todas las experiencias de reencuentros parecen ir bien. "Me duele recordar a esa mujer con la cabeza gacha, incapaz de mirar a su hijo, mientras el padre me pedía dinero", explica otra madre adoptante.