Fracasos en la adopción: de la decepción al abandono.
Los padres adoptivos devuelven cada año a los centros de menores entre dos y cuatro niños
CARINA FARRERAS -15/02/2007
El fracaso en la adopción, cuyo máximo exponente es la entrega del menor a la administración con la renuncia expresa de los padres a la paternidad, existe. En Catalunya la situación resulta muy minoritaria a tenor de las cifras oficiales. Cada año regresan a los circuitos de la administración catalana entre dos y cuatro niños adoptados (y se adoptan más de un millar). Este número dista de las cifras que se dan en otros países. En Italia, por ejemplo, las cifras oficiales se sitúan en torno al 2% del total de niños adoptados pero las oficiosas andan por el 12%. En general, se estima que las rupturas familiares giran en torno al 2% y el 15% en la mayoría de países adoptantes.
Por la experiencia de otros países la ruptura familiar se produce concretamente durante la adolescencia después de años de convivencia y cuando los problemas de conducta del menor se agravan, con fracasos escolares, episodios de violencia y vivencias infernales. Los padres no pueden controlar la situación que se ha ido gestando a lo largo del tiempo y todo estalla. Para el menor, el regreso al orfanato significa que probablemente no tendrá una segunda oportunidad de tener una familia propia.
El grueso de los niños adoptados en Catalunya se sitúa entre 6 y 10 años por lo que faltan unos años para llegar a la pubertad.
En todo caso, la ruptura de la convivencia familiar con la devolución del pequeño a una institución resulta la forma más explícita de fracaso, pero hay otras maneras de alejar a los menores que no pasan por estampar la firma en un papel, como el ingreso en internados escolares o sanitarios.
La mayoría de familias se constituyen bien, y con mucho afecto y esfuerzo logran superar las vicisitudes que comporta acoger un niño que ha vivido situaciones difíciles.
En ese sentido, la función de la familia adoptante va más allá de la biológica pues no sólo debe cuidar, alimentar, educar y dar afecto a ese niño, sino también hacerse cargo de lo que le ocurre - y le ocurrirá- a consecuencia de lo que sucedió en el pasado. Sin duda, hace falta un derroche de afecto pero también capacidades suficientes para asumir una crianza así, entereza y equilibrio emocional.
"A esta consulta llegan padres destrozados. Han hecho lo indecible por cuidar a su hijo que muestra graves problemas de conducta", explica Anna Sans, de la unidad de trastornos de aprendizaje escolar del hospital de Sant Joan Déu. "A menudo - continúa- no se ha detectado a tiempo la realidad de un problema neurológico que con un buen y pronto abordaje podría haber evitado muchos conflictos posteriores". La neuropediatra confirma que acuden al hospital menores procedentes de otros países con hiperactividad y problemas de conducta (especialmente de Rusia y de los países del Este). "Un hijo biológico - añade- con estas características también es muy difícil de llevar".
Los equipos de psicólogos observan también como causa de fracaso la falta de vínculos reales entre padres e hijos: no es lo mismo vivir en un mismo espacio que convivir en familia. "Las motivaciones que llevan a la adopción juegan un papel altamente importante en la posterior relación entre padres e hijos y un aspecto de relevante significación es el grado de consciencia que los solicitantes tienen de sus motivaciones principales". asegura Esther Grau, psicóloga clínica. "Si el vínculo no se ha establecido bien - añade-, en la adolescencia es ya imposible". La Generalitat ha puesto en marcha un servicio de post adopción para ayudar a las familias adoptantes.
Gloria P dijo
Hola, vivo en Colombia y tengo una hija de dos años por adopción. Pienso que deberían prohibir devolver hijos que se han adoptado. Eso es inadmisible, por Dios!!!. A un hijo biológico si tiene problemas de tipo físico, mental o de comportamiento dónde se va a devolver??? Eso mismo debemos pensar sobre nuestros hijos por adopción. No salieron de nuestro vientre sino de nuestro corazón, y si están con nosotros es porque espiritualmente eso debía ser así, con todo lo que eso conlleva.
Nuestra hija ha tenido problemas de adaptación, a pesar del inmenso amor, ternura y paciencia que mi esposo y yo le profesamos. Pero pensar en devolverla, jamás, qué tal. Hasta donde yo sé, en mi país eso no se permite, gracias a Dios. Por favor, piensen en el daño que les pueden causar a esos niños, sería algo irreparable. Ellos no son una mercancía que se puede devolver, son seres humanos, son nuestros hijos.
31 Marzo 2007 | 10:20 AM